Por María del Mar Ruiz Ramírez y Sara Pardo Esmorís
2 de junio de 2025
En pleno corazón de Galicia, Pontevedra se perfila como un enclave donde la moda no solo se consume, sino que también se reinventa. Aunque los escaparates de Zara, Bershka o Stradivarius, todos ellos insignias del gigante Inditex, dominan gran parte del centro urbano, existe un tejido de comercios locales que, con esfuerzo, creatividad y autenticidad, lucha por mantener su espacio y diferenciarse en un mercado cada vez más saturado por las grandes cadenas.
Pontevedra, como tantas ciudades gallegas, ha sido tradicionalmente un feudo natural para Inditex. La cercanía geográfica con Arteixo, el precio competitivo de sus productos y la constante renovación de sus colecciones han posicionado a Zara y sus firmas asociadas como una referencia inmediata para el consumidor medio. Sin embargo, no todo está perdido para el pequeño comercio. Frente a los ritmos vertiginosos del fast fashion, muchas marcas y boutiques pontevedresas apuestan por una propuesta más cuidada, sostenible y cercana al cliente. Esta es la historia de quienes, desde Pontevedra, han decidido que competir con Inditex no pasa por imitarlo, sino por ofrecer algo distinto.
En esta ciudad gallega, el talento se teje con la tradición y se proyecta al futuro gracias al trabajo de diseñadoras emergentes, firmas con ADN local y una comunidad que valora el diseño con alma. Voces como María Jimenez, Rosa Baptista (Coosy) y Joan Márquez (Krack) construyen un relato común: sí se puede hacer moda desde Pontevedra, y sí se puede competir, incluso en la sombra de gigantes como Inditex.
La diseñadora María Jimenez, natural de Poio, encontró su vocación de forma inesperada. “Entré en moda de casualidad”, confiesa. Tras comenzar sus estudios en Bellas Artes en Pontevedra, fue su madre quien la animó a presentarse a la formación en moda de Esdemga, marcando así el inicio de un recorrido creativo singular. Hoy, con base en Barcelona y un estilo que fusiona estampados improbables, tejidos vintage y referencias a la cultura club de los 80 y 90, María ha consolidado una identidad propia. Su trabajo no solo evoca su paso por Londres, Madrid y Barcelona, sino también su arraigo gallego: “En mi última colección ‘Big Dream’ he utilizado tejidos acumulados desde mi época de estudiante en Pontevedra”.
Rosa Baptista, fundadora de la marca Coosy, comparte también una conexión visceral con Galicia. “Pontevedra fue donde empecé, y Galicia está muy arraigada a la moda”, declara. Su firma, sofisticada, ecléctica y elegante, ha conquistado el mercado nacional desde su base gallega, logrando el despegue con la apertura de una tienda clave en Madrid. Coosy representa a una mujer “independiente, valiente y trabajadora” y busca siempre ese toque vintage con inspiración en los años 50, 60 y 70, reinterpretados para la actualidad. Su crecimiento orgánico demuestra que un origen local no es un límite, sino una ventaja cuando se mantiene la coherencia estética y de valores.
Por su parte, Joan Márquez, responsable de marketing de Krack, recalca que “Pontevedra es donde nació la marca y donde siguen teniendo las oficinas centrales; forma parte de nuestra identidad y siempre lo va a seguir siendo”. Para Krack, la ciudad no solo es un punto geográfico, sino un epicentro de creatividad y estrategia. Aunque las tendencias son globales, Pontevedra representa uno de los mercados más importantes para la firma: “La tienda de Pontevedra es la que más factura”.
La firma pontevedresa Krack ha pasado de ser una pequeña zapatería local a una empresa de referencia nacional. Su evolución ha estado marcada por una clara apuesta por el diseño, la colaboración con influencers y una expansión continua.
Uno de los grandes obstáculos para las marcas emergentes es mantenerse fieles a su visión en un mercado saturado y exigente. María Jimenez lo resume así: “Sostener la marca con tus valores y principios es lo más difícil. Competir con los precios y los tiempos del fast fashion es duro”. En ese sentido, la sostenibilidad es un eje clave. María apuesta por colecciones cápsula sin presiones, confeccionadas con tejidos antiguos o vintage, y defiende la necesidad de regular la producción masiva: “No tiene sentido que el mundo esté inundado de ropa. Debería ser obligatorio aplicar medidas sostenibles”.
Krack, por su parte, aborda esta cuestión desde el control de la cadena de producción. “Trabajamos con fábricas responsables, con auditorías al día y cumplimiento de la normativa vigente”, afirma Márquez. Además, impulsan el talento emergente a través de colaboraciones con jóvenes diseñadores, muchos de ellos gallegos, integrándolos en el desarrollo de colecciones cápsula que refuerzan la frescura de la marca.
En el caso de Coosy, la sostenibilidad se manifiesta en la producción cuidada y la apuesta por una moda atemporal y duradera. Sus colecciones, centradas en eventos y en prendas icónicas como trajes bordados, vestidos florales o conjuntos de chaqueta de tartán, buscan una vida útil más allá de una temporada. “Lo vintage no es solo una estética, es una filosofía”, afirma Rosa Baptista.
La forma de comunicar moda ha cambiado drásticamente en los últimos años. Las redes sociales, el marketing digital y la omnicanalidad ya no son una opción, sino una necesidad. Desde Krack, lo tienen claro: “No hacemos distinciones entre el canal online y el físico. Buscamos siempre una estrategia 360”. La digitalización se perfila como el siguiente gran paso, con el uso de herramientas de inteligencia artificial para ofrecer experiencias inmersivas: catálogos virtuales, recomendaciones personalizadas y escaparates interactivos.
Coosy también ha sabido adaptarse al nuevo paradigma. “El acceso a influencers, celebrities y prensa que tenemos en Madrid no lo teníamos en Galicia”, reconoce Baptista. La combinación entre una base sólida de diseño y una estrategia de visibilidad bien ejecutada ha sido clave para su posicionamiento.
Aunque los grandes focos de la moda en Galicia apuntan a A Coruña (cuna de Inditex) u Ourense, Pontevedra está consolidando una identidad propia. Las tres voces entrevistadas coinciden en que la ciudad tiene potencial para ser referente. Joan Márquez lo expresa con contundencia: “La moda puede ser un motor para revitalizar el comercio local. La gente valora el buen trato y la cercanía. Eso es algo que las marcas locales pueden ofrecer frente a los gigantes”.
Rosa Baptista subraya el valor formativo de la ciudad: “Tenemos una escuela de diseño buenísima. Están saliendo unos talentos increíbles”. La existencia de centros como Esdemga y el entusiasmo de las nuevas generaciones auguran un futuro fértil para la moda gallega.
María Jimenez, por su parte, aporta una visión íntima pero poderosa: “Mi nueva colección nace de telas que guardaba desde la carrera. Es una forma de volver al origen, pero con una voz propia”. En esa declaración se sintetiza el espíritu de una moda que no necesita competir con los volúmenes de producción de Inditex para destacar. Basta con tener algo que decir, hacerlo con autenticidad y sostenerlo con valentía.
“Si tuviese que definir la moda en Pontevedra con una frase sería: sin complejos”, dice Joan Márquez. Y esa parece ser la esencia de lo que ocurre en esta ciudad. Un ecosistema creativo que no reniega de sus raíces, que combina talento, esfuerzo y sensibilidad, y que sigue tejiendo su lugar en la industria sin necesidad de imitar a nadie.
Pontevedra no es una amenaza para Inditex, ni falta que le hace. Es una alternativa. Un recordatorio de que en la moda también hay espacio para la cercanía, para lo artesanal, para lo local. Y sobre todo, para las historias reales que dan forma a cada prenda.