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Vista aérea de un enorme ciclón // Imagen generada por ChatGPT
Qué son los fenómenos meteorológicos extremos
Los fenómenos meteorológicos extremos se caracterizan por su intensidad, su duración, su extensión en el espacio o todas las anteriores a la vez. Sobrepasan los límites de lo que se considera normal para un territorio específico y pueden producir daños significativos en el entorno y a las personas, poniendo en riesgo incluso sus vidas. Actualmente, son un problema que requiere especial atención porque se han intensificado durante las últimas décadas.
Dato clave: Según la Organización Meteorológica Mundial, el cambio climático, agravado por la acción del ser humano, influye en la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos mundialmente.
Causas por las que se pueden dar
Esta clase de fenómenos extremos son inusuales, por lo que sus causas pueden ser muy variadas, teniendo un origen basado en un proceso natural o en actividades humanas. Según Germán Portillo, ambientólogo, habría cuatro causas principales. Una de ellas son los procesos atmosféricos y sus patrones, concretamente las variaciones de presión o de temperatura, llegando a originar tornados o huracanes.
Otro factor natural son las corrientes oceánicas, que juegan un rol esencial en la regulación del clima. Esto se debe a que «transportan calor desde el ecuador hacia los polos y frío en sentido contrario», provocando alteraciones en la meteorología de diferentes regiones. En relación a este punto se encuentran también los ciclos solares, que también influyen en el control del clima.
Por otro lado, están las consecuencias humanas, donde la más destacada es el cambio climático. En los últimos años, este efecto ha escalado progresivamente a raíz del aumento de los gases de efecto invernadero generados por actividades como la quema de combustibles fósiles.
Al punto anterior se suman los cambios en el uso del suelo, dados a raíz de la deforestación de grandes áreas de bosques, lo que lleva a una modificación de las formas de humedad. Esto podría provocar inundaciones, debido a la pérdida de capacidad del suelo de absorber el agua.
Cuáles son los más peligrosos
El informe sobre clima extremo en 2024 de la World Weather Attribution (WWA) —una red internacional para colaborar en la investigación de los fenómenos extremos— concluye que el cambio climático fue un factor clave en la severidad de los diez eventos meteorológicos más mortíferos registrados en los últimos veinte años. Se han registrado 576.042 víctimas como consecuencia de estos fenómenos.
La WWA estudió diferentes tipos de eventos: ciclones, tifones, olas de calor, sequías y tormentas. Realmente, los ciclones, tifones y huracanes son el mismo fenómeno, pero el nombre se les asigna en función de dónde se originen. Así, los huracanes son propios del norte del océano Atlántico y del noreste del Pacífico; los ciclones típicos del sur del Pacífico y del océano Índico y los tifones del noroeste de del Pacífico.
Uno de ellos es el ciclón Sidr, que sacudió Bangladesh en 2007 y causó 4.324 muertes. Se registraron vientos con una fuerza continua de 250 kilómetros por hora, con rachas ocasionales de hasta 305 kilómetros por hora. Además, originó una crecida del océano Índico de unos cinco centímetros. Fue incluido en la categoría cuatro de la escala de huracanes de Saffir-Simpson —siendo el valor máximo el cinco—.
Un ciclón aproximándose a la línea de costa // Imagen generada por ChatGPT
Un año después, Myanmar fue azotado por Nargis causando 138.366 víctimas, el ciclón más mortal del mundo desde el huracán Bhola en 1970 —este con entre 300.000 y 500.000 víctimas—. Nargis envió una ola del mar —conocida en estos fenómenos como marejada ciclónica— 40 kilómetros tierra adentro. En esta ocasión, el Centro Conjunto de Advertencia de Tifones (JTWC, según sus siglas en inglés) estimó unas ráfagas de viento de 217 kilómetros por hora.
Medir el coste total del paso de un ciclón puede resultar complicado, porque además de las pérdidas humanas, hay que tener en cuenta la destrucción de cosechas o infraestructuras, entre otras cuestiones. Según estas últimas variables, el huracán Katrina es considerado como el más costoso de la historia, económicamente. Arrasó diferentes lugares de Estados Unidos en 2005 y las pérdidas se valoraron sobre 170.000 millones de dólares; con esta cantidad de dinero se podría comprar el Real Madrid 97 veces. Se estima que los huracanes, tifones y ciclones tropicales son los fenómenos más destructivos, seguidos por las tormentas que producen inundaciones y las olas de calor.
La tormenta Daniel es un ejemplo reciente de la fuerza devastadora de estos fenómenos. Fue un ciclón mediterráneo que afectó a Bulgaria, Turquía, Grecia y, en mayor medida, a Libia, en 2023. En este último país causó la muerte de 12.352 personas, enormes inundaciones y la pérdida de hectáreas de cosechas.
En cuanto a las olas de calor, Rusia sufrió este asolador fenómeno durante el verano de 2010, donde se cobró más de 50.000 víctimas. Anteriormente, en 2003, se registraron en la Europa occidental más de 70.000 muertes por causa de las temperaturas extremas; un número similar a la población de ciudades medianas como Torremolinos.
Según el informe «Provisional state of the global climate 2023» de la Organización Mundial de la Meteorología, en 2022 y 2023 las olas de calor en Europa afectaron especialmente a la región mediterránea, con Italia y España en cabeza. En 2022 murieron 61.672 personas por las altas temperaturas. Durante julio del año siguiente, Italia alcanzó 48,2 ºC. En localizaciones del norte de África como Túnez y Agadir llegaron a los 49 y 50 ºC. Estas temperaturas jamás se registraron en España, donde la máxima fue 47 ºC en 2021.
La tierra seca se vuelve estéril // Imagen generada por ChatGPT
Uno de los casos más mortales fue la sequía en Somalia entre 2010 y 2012, la cual se repitió en 2017. La falta de lluvias, sumada al control de grupos islamistas, llevó a una situación de hambruna que se saldó con 258.000 fallecidos, de los cuales la mitad eran niños. Conforme a los datos aportados por la investigación de la ONU, comisionada por la FAO y la Unidad de Análisis de Nutrición para Somalia, es la más mortífera del país, superando la de 1992 —220.000 muertos—. El peor momento fue entre mayo y agosto de 2011, donde fallecieron de media 30.000 personas por mes.
Consecuencias de los fenómenos
Cuando sucede una catástrofe relacionada con un fenómeno meteorológico extremo las consecuencias son devastadoras. Afectan a nivel humano —pérdidas de vidas, impactos en la salud, destrucción de poblaciones, posteriores crisis…— y al propio medio ambiente.
Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —por sus siglas en inglés, IPCC—, uno de los incidentes más repetidos son los incendios, que tienen su nivel más alto durante el verano. Se dan como causa de las olas de calor y de la canícula, un fenómeno que provoca la disminución de las lluvias veraniegas.
Los incendios abrasan hectáreas de bosque // Imagen generada por ChatGPT
Esta situación lleva a que bajen los niveles de humedad y se seque la tierra, liberando etileno —compuesto químico que se encuentra en las plantas y el suelo y que tiene propiedades inflamables—, por lo que a raíz de una descarga se puede dar un incendio.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) publica anualmente unas estadísticas sobre la probabilidad de que se originen incendios categorizados en cinco niveles de riesgo en España: bajo, moderado, alto, muy alto y extremo.
Otra de las catástrofes que se pueden ocasionar son las inundaciones, que se producen cuando hay una ocupación masiva de agua en una determinada zona. Se diferencian tres tipos: pluviales —como consecuencia de lluvias torrenciales—, fluviales —tienen lugar cuando desborda un río—, y costeras —su origen está en los ciclones—. Javier Sánchez, biólogo, calcula que se trata del desastre natural que más muertes causa a nivel global; se estima que, durante el siglo XX, han sido un total de casi 3,2 millones de personas las que han perdido la vida.
Uno de los efectos más mortíferos es la hambruna. La organización Acción contra el Hambre la define como una «condición humana prolongada y generalizada de no consumir alimentos por largos periodos de tiempo». El fenómeno de las sequías es el más afecta a esta situación. La desestabilidad climática, las altas temperaturas y la escasez de lluvias merman las cosechas y la producción, además de deteriorar la calidad del agua. Según las Naciones Unidas, la alerta por hambruna se declara cuando:
- El 20% de los hogares no pueden hacer frente a la escasez de alimentos.
- La desnutrición aguda supera el 30% de la población.
- El número de muertos es superior a dos personas por día por cada 10.000 habitantes.
En relación con este aspecto están las migraciones climáticas. Según Oxfam, como secuela de los resultados de los desastres naturales, más de 20 millones de personas se ven obligadas a abandonar sus viviendas.
El caso de España
En España, el caso de desastre más reciente es el de la DANA de Valencia en 2024. El nombre hace referencia a una depresión aislada en niveles altos y se trata de un fenómeno donde «una masa de aire polar muy frío queda aislada y empieza a circular a altitudes muy elevadas (entre 5.000 y 9.000 metros)». La masa de aire, al colisionar con el aire cálido y húmedo —como el del Mediterráneo—, genera tormentas con fuertes precipitaciones. En España ha habido varias DANAs. La más recordada es la de 1973, que dejó episodios de lluvias torrenciales de 800 litros por metro cuadrado; un máximo histórico que aún no se superó, como explica Eduardo Romay, analista climático de la Asociación Meteorológica del Sureste. Se cobró la vida de 150 personas. Por su parte, la de Valencia se trata de la DANA más destructiva en lo que va de siglo, dejando 223 muertos. Los daños la colocan entre las 10 catástrofes climáticas más costosas de 2024 en el mundo.
Inundación causada por lluvias torrenciales // Imagen generada por ChatGPT
Otro caso mediático fue la borrasca Filomena en 2021, que dejó abundantes nevadas —zonas de hasta 50 centímetros de nieve— en la capital y en las provincias más cercanas. El Consejo de Ministros había declarado la comunidad madrileña como Zona Afectada Gravemente por una Emergencia de Protección Civil. Tras cesar las precipitaciones, comenzó una ola de frío considerada «histórica por los registros alcanzados». Los daños fueron estimados con un coste de al menos 1.398 millones.
Hay fenómenos que aún persisten, como la sequía a causa de la falta de lluvias en las provincias de Almería y Alicante y las comunidades de Murcia y Canarias. Desde 2024, los informes anuales de AEMET manifiestan que España rebasa el umbral de seguridad fijado por los Acuerdos de París por un grado y medio.
Perspectivas de futuro
De acuerdo con el informe «Provisional state of the global climate 2023», de cara a la preparación frente a este tipo de fenómenos, los gobiernos, sociedad civil y la ONU se deben comprometer para reducir el riesgo de desastres. La principal prioridad es a nivel comunitario, prestando especial atención a los sistemas de alerta temprana y su distribución, así como sistemas para ofrecer información a la población.
Desde 2015, con la adopción del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, 126 países han adoptado estrategias de gestión de riesgos. En 2022, el Secretario General de las Naciones Unidas lanzó la iniciativa «Alerta Temprana para Todos», con el objetivo de garantizar la protección de los ciudadanos frente a los fenómenos meteorológicos extremos. Un año más tarde, 102 países ya habían implantado sistemas de alerta.